Genero literario
El género viene solo.

Cada vez que ese fenómeno medio esotérico llamado inspiración se manifiesta en nosotros, nos nace esa necesidad sobrenatural de escribir. Es una energía que se origina en el pecho, y se expande con ganas de traducirse en la boca, o en las manos, fluyendo palabras, frases, pensamientos, versos, et cétera. El gran misterio radica en encauzar este influjo que llevamos dentro, y enramarlo y encuadernarlo en parámetros tan limitados como los son el lenguaje escrito.

Desde adolescentes, muchos empezamos a escribir poemitas llenecitos de lugares comunes y frases trilladísimas y edulcoradas de primer amor. Por supuesto, el común denominador de que cada verso deba rimar logran crear bodrios ilegibles que terminan siendo lindos, pero estéticamente cursis hasta el delirio. Todos hemos caído alguna vez en la trampa de lo remanido, pero no quiero escribir hoy sobre todo aquello.

Cuando recién comienza a picarnos la inquietud literaria, buscamos un género al cual acogernos. A veces lo hacemos por curiosidad, otros por instinto, y algunos por arrogancia. Los narradores buscan escribir la gran novela de la década, aquella que se convierta en best-seller. Los más vagos e inmediatistas buscan una prosa más corta en los cuentos, relatos y crónicas. La poesía nace desde la niñez, y madura entre la muchachada. Sólos los soñadores, vagabundos o pecadores le entran a escribir poemas ya entrada la adultez. Porque los versos son para jovencitos, y no para los mayores, dice la sabiduría popular.

Pero, más allá de esteretipos que me atrevo a pronunciar, el escoger un género va más allá de meras convicciones, arrogancias o ensoñaciones insomnes. Más bien, es cuestión de hábitos de trabajo, de constancia, consistencia, entrega, sensibilidad y paciencia.

Se empieza siendo algo así como un medium, como un espiritista, o brujo. Uno habla con su inspiración personal en un diálogo interno hasta que nos ponemos de acuerdo con nosotros mismos acerca de qué rayos es lo que queremos decir, quién es nuestro espíritu guía.

Acto seguido, hablamos con nuestro ser terrenal, y ahí es cuando hay que ponernos en un plan más administrativo.

Si somos consistentes, constantes, y nos gustan los proyectos de largo aliento, llenos de investigación, tesis, apuntes, notas y demás, la novela es lo mejor que existe. Se hace de a poquitos, todos los días. El autor entra en ese universo que ha inventado, revisa el avance del día anterior, afila su intuición actual del día, y escribe largo y tendido las horas que le son necesarias. Así se la puede pasar por semanas y meses enteros. Una vez se acaba la obra, hay que releerla pulirla, revisarla, corregirla, volverla a pulir. Es decir, es un trabajo de oficinista, de administrador, y de bibliotecario.

En cambio, si nos consideramos menos constantes e intensos, la narrativa corta es una bellísima opción. Mientras que la novela es un ir y venir de eventos a lo largo de capítulos, el cuento tiende a ser más explosivo, más económico, y por ende más impactante. Por eso se suele decir que en narrativa, si lo pusiéramos en términos de boxeo, la novela se define por Knock Out Técnico, y el cuento gana por Knock Out. Mientras más corto y más sorpresivo, mejor.

La poesía es para quienes abundan en la estética, en los que ven más allá de lo evidente. Los poetas viven en estado de gracia, y para ellos una manzana no es una fruta, sino es la entrada a las sensaciones de lo ignoto, lo perdido y lo deseado, por decir cualquier poetorrada afín a estos menesteres. La narrativa se escribe en borrador, y luego se corrige. La poesía -en cambio-, se escribe en limpio. Por ende, cada palabra, cada verso, cada imagen es sopesada con sumo cuidado. Un poema tiene más de una sola lectura, y el arte del poeta radica en crear niveles y capas que vayan más allá de la estética, y lleguen de la forma al fondo. De lo bello, a lo profundo.

Pero, aún sabiendo todo esto, lo mejor que puede hacer un autor en ciernes al encontrarse avasallado por aquella hermosa ansiedad de la inspiración es escribir la primera frase que se le ocurra. El género vendrá por su propia cuenta. Mientras más nos dejemos llevar por la intuición, más pronto llegaremos a la lucidez de cuál es nuestro camino, por más ignoto que nos parezca al principio.

Lima, Perú
Octubre de 2010

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