Crear "literatura" puede ser intimidante.
Crear “literatura” puede ser intimidante.

Una de las palabras más intimidantes es literatura. Desde siempre, se nos hace creer que lo literario está circunscrito a unos pocos tocados por la divinidad. Desde la escuela, nos enseñan a estudiar y venerar autores de bronce, con obras de bronce, posicionándolos en alturas inalcanzables en un Olimpo imposible de nuesto subconsciente. El paraíso está reservado para una élita cerradísima, y los demás tenemos que pararnos afuera de ese muro infranqueable que nos separa de los dioses.

Pues, no hay nada más falso ni tan engañoso.

Mucha gente me pregunta qué se necesita para poder escribir. Yo les digo que si son capaces de sentir, de conmoverse por algún hecho, de reaccionar, pues entonces tienen la capacidad de escribir. Esta frase me la presto de Hemingway, aquel precedente genial quien jamás pisó una universidad, y que sin embargo fue laureado con el premio Nóbel de literatura. No hace falta estudiar para ser escritor.

Dedicarse a crear mundos y obras tiene mucho que ver con la honestidad. Lo primero que cualquier inviduo debe preguntarse a sí mismo es cómo se siente respecto a los eventos que desea relatar. Todo escritor en ciernes tiene que cuestionarse sus opiniones, y poderlas plasmar como si no fueran suyas, siendo tan honestos consigo mismos como para pintarlas en su color real.

El valor de una obra literaria está en que es un testimonio de la condición humana de una época en particular. Ningún tema es nuevo. Nihil novum sub sole. Los desamores, la traición, el heroísmo, los anti-héroes, el romance, las cruzadas, las peregrinaciones, y demás et céteras, todos ya han sido escritos y reescritos ad infínitum y ad náuseam por autores geniales que nos han precedido. Lo lógico sería dejarlo todo tal y como está. Pero, éstos son temas recurrentes de la humanidad, y como tales, siempre habrán voces contemporáneas que querran contar las mismas historias nuevamente. Lo valioso, entonces, está en cómo la humanidad tomó estos temas en su condición y circunstancias. Una traición es una traición, pero los elementos circundantes de la Roma de los césares no son los mismos que en Flandes del siglo XIV.

A eso, se le suma la estética de moda. Es decir, los modismos, los recursos literarios, los elementos culturales, y demás bagaje que ayude a darle colorido a una obra cuya temática puede haber sido refrita por milenios.

Cualquiera puede escribir. Literatura, al fin y al cabo, es un curso que se estudia en las escuelas y universidades como una manera de entender a la humanidad por medio de sus testimonios escritos. Es eso, y punto. Entonces, el hecho de narrar nos pone dentro de ese común denominador de ser voceros de nuestra época.

Los reconocimientos, laudos, premios, best-sellers y otras hierbas, son para aquellos ilusos que no se han enterado de que lo importante -primero-, es escribir. Mientras seamos honestos con nosotros mismos y con nuestra obra, lo demás caerá por su propio peso, y dios nos coja confesados.

Setiembre de 2010
Lima, Peru

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