Los sentidos tienen mucho que ver

Los sentidos tienen mucho que ver

No quiero dejar de lado el escribir acerca de esa hermosa costumbre que es crear personajes. Sé que se ha escrito, redactado, enseñado y tallerizado sobre esto ad nauseam por geniales figuras que me preceden. Lo mío es tan sólo un intento personalista de dejar un trilladísimo granito de arena sin causar tanta cacofonía.

Cada vez que me toca nacer a un personaje, me gusta empezar imaginándolo en su forma de hablar. Confieso que soy un ser muy auditivo, y que este sentido es el cual me sirve de maravillas cada vez que comienzo a esbozar un protagonista en mis historias.

Entonces, justamente quiero apuntalar mi razonamiento creativo con esta herramienta interesante: colgarse de uno de los cinco sentidos para dar el puntapié inicial a la composición de quienes poblarán nuestra narrativa. Vista, tacto, olfato, gusto u oído… lo vital está en describir al personaje de acuerdo a estos elementos. De esta manera, lograremos aterrizar dicha presencia etérea al campo terrenal, y le iremos asignando características tangibles.

Volviendo al tema del oído, soy aficionado a escuchar conversaciones. De ahí es que saco el ritmo con el cual mi personaje se expresa, su dialecto, su nivel de expresividad, e inclusive su tono de voz. Muchas veces me sorprendo a mí mismo hablando en voz alta, buscando modular la manera de hablar de mi creación.

Una vez mi personaje tiene una voz, voy pintándolo de acuerdo a su intencionalidad en la historia. Todo depende de qué tan visual quiero ser, o qué tan proactivo deseo que sean los eventos.

Como buen aficionado a las películas, estoy inclinado a imaginarme a los protagonistas de mis narraciones en circunstancias cinematográficas. Las preguntas lógicas llegan solas: ¿cuál es su estatura? ¿cómo es su contextura? ¿su entorno social? ¿su orden económico? ¿tiene oficio? ¿tiene algún vicio? ¿qué seña particular usaría para reconocerlo? ¿cómo le gusta vestirse?

Puedo ir más allá, e imaginarme un día común en la vida de dichos seres de mi inventiva: ¿qué desayunan? ¿a qué hora se levantan? ¿qué les gusta leer? ¿quién es la primera persona con quién hablan? ¿cuál es su orientación sexual?

Para nada me ocupo de su participación en la historia cuando voy maquinando el nacimiento de mis personajes. Primero me gusta saber con quiénes estoy lidiando, y luego los dejo sueltos en plaza, y permito que ellos reaccionen tan lógicamente posible a las pruebas, obstáculos y desafíos que les voy plantando en el transcurso del relato.

Es un poco el jugar a ser un dios, el de crear seres a partir de un material tan sencillo como es el barro de las palabras, echarles un soplo de vida y darles su libre albedrío.

Pero todo empieza con los sentidos, aquello que nos mantiene anclados a nuestra esencia tan humana y terrenal. Mientras nos mantengamos circunscritos a esta premisa, nuestros personajes serán mucho más creíbles, por más tirados de los pelos que parezcan.

Lima, Perú
Agosto de 2010

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