Cada uno es responsable de su propia historia
Es nuestra responsabilidad contar un relato

Quiero confesar que una de las cosas que más detesto en el mundo es que cuando declaro que soy escritor, siempre hay alguien quien me dice que tengo que escribir sobre su vida porque haría un best-seller.

No es por ser mala onda. No quiero sonar odioso. Tengo una razón muy poderosa detrás de este rechazo: no hay nadie mejor para contar su propia historia, que su mismo protagonista. Según mi razonamiento, estoy totalmente convencido de que todos somos capaces de escribir nuestro relato de vida mucho mejor que cualquier escritor probado y laureado. Además, el hecho de que una persona X nos pida redactar sus peripecias linda en términos de inseguridad y pereza.

¿Por qué no se les ocurre a ellos mismos escribir su dichoso relato?

Nuevamente, no quiero ser un aguafiestas; pero vivo convencido de que ésta ya no es época de best-sellers. En estos tiempos, cualquier persona es capaz de publicar su libro. Es más, jamás se han publicado tantas obras como en los últimos años. Aquella admonición de que el libro está en muere carece de fundamento frente a tales pruebas fehacientes.

Siempre aconsejo a las personas en que ellos debieran escribir su propia historia y publicarla con los medios existentes hoy en día. No hay nadie como uno mismo para darle ese ritmo, esa voz única, esa esencia a la obra. Vivo con la genuina convicción de que en esta época la literatura es tan sólo una materia más que se dicta en el mundo académico, pero que en sí misma ya no representa un bastión inexpugnable, como lo era hace unos veinte o treinta años atrás.

Me encanta esta época porque hay mayores libertades para la expresión individual. Por eso detesto que vengan a mí personas y personajes pidiéndome que les escriba la historia de su vida. Si viviésemos hace cincuenta años, es muy posible que jamás titubeara ante tal propuesta. Sin embargo, ahora les devuelvo la moneda convenciéndoles de que es su responsabilidad el hacerlo ellos mismos.

Vivimos unos tiempos prodigiosos en los cuales cada uno es dueño de su propia verdad y su propia expresión. He ahí lo hermoso de esta época, y jamás tendré suficiente de tanta belleza, aunque me tilden de mezquino.

Lima, Perú
Agosto de 2010

Anuncios