La fama no lo es todo
Publicar es ser un poco exhibicionista

Para querer publicar aquello que escribimos, hace falta ser un poco de exhibicionista. Ya que todo aquello que hemos plasmado en papel en algún momento formó parte de un proceso muy íntimo, el producto final viene a ser fruto de un rito sumamente personal. He conocido autores geniales quienes prefieren ser estrictamente inéditos.

Pero, un común denominador que existe entre los más jóvenes y nóveles escritores es la de hacerse del próximo best-seller. Es tanta aquella búsqueda de lograr la consagración, que muy a menudo la relación entre autor y obra se ve deformada por una tendencia a llamar la atención de cuantas maneras posibles.

Según esa escuela de pensamiento exitista, lo importante es hacer bulla y vender, vender, vender, sin prestar atención a la calidad.

Es cierto que no hay nada nuevo bajo el sol, y que todos los temas han sido tocados en la literatura universal desde que el mundo es mundo. También lo es el hecho de escribir por arrogancia, elevarse un culto a sí mismo y querer opacar al sol con autobrillos de grandeza de barrio.

La verdad es que, con el pasar de los años fui entendiendo que aunque sí -en efecto-, hay que ser medio exhibicionista para atreverse a publicar una obra, también supe que es mejor esperar el tiempo oportuno para madurar un estilo, una personalidad, un arte.

Durante muchos lustros -admito-, escribí por arrogancia. De acá a unos años, no obstante, decidí que si volvía a crear algo, no sería por aquella pretensión de hacer literatura. En mi fuero interno, opté por un acercamiento más descarnado y honesto, y contar historias de acuerdo a como me provocaba la gana y sin aspiraciones de ningún tipo.

He llegado a la interesante conclusión de que un autor debiera desligarse de toda tentación hacia la fama para poder así lograr reconciliarse consigo mismo. De no hacerlo así, sólo consiguiera convertirse en un fantoche, en una caricatura sin fondo ni esencia, en un pie de página más en el anecdotario.

Llegar a la inmortalidad es el destino último de todo ser humano que le teme a la muerte. Una vez se haya ido más allá de ella, trascender es de poca relevancia. Ahí es donde la literatura pierde un poco ese lustre ilusorio, y se transforma en una materia de estudio llenecita de aguafiestas. En fin.

Lima, Perú
Agosto de 2010

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