No debe haber apuro en publicar
Una obra debe estar pulida antes de ser enviada a un comité editorial

Cuando recién se está empezando a escribir, es inevitable ceder ante la tentación de pensar que hay que publicar a toda costa. Es normal que muchos autores se sientan apurados por querer lanzar aquel manuscrito terminado de una buena vez. Además, las historias y leyendas de éxito de otros autores que nos precedieron tan sólo ayudan a alimentar esta falsa premura de lanzarse al ruedo editorial con cualquier cosa que se asemeje a un libro, que tenga una extensión de libro, y que tenga pretensiones de best-seller.

La cosa no es tan sencilla como nos lo pinta el común denominador de relatos engañosos que nos hablan de cómo Zutanito envió un manojo de hojas escritas a mano a un editor, y de cómo éste se enamoró perdidamente de esa obra que se convirtió en un clásico de la literatura. Tal cosa no existe, y si lo hubiera, es tan sólo otro cuento engaña-muchachos más.

La realidad verdadera es totalmente distinta. Las editoriales no se dan abasto ante la cantidad de manuscritos que reciben por semana, sin considerar de a diario. Por lo general, la gran mayoría de éstos son leídos hasta mitad de la primera página, y de ahí desechados, lo cual reporta una pérdida de tiempo para la junta editorial y para el autor.

Según varios editores, uno de los más grandes errores de un escritor es el de enviar un manuscrito que no ha sido totalmente pulido y revisado a conciencia. Es decir, envían lo primero que terminan, con el afán de ganarse la lotería.

Hay que recordar que un libro es un producto, y como tal, debe ser vendible. Por tal, si el editor va a correr el riesgo de invertir en él, éste debe ser entregado en copia final. Esto es, el manuscrito debe estar libre de errores, tiene que ser coherente, y necesita ir acompañado de una breve sinopsis al principio.

La recomendación que se le da a todo autor que desee enviar una obra a ser evaluada por un consejo editorial es la siguiente: una vez terminado de escribir, hay que dejar el manuscrito reposar dentro de un cajón por al menos seis meses. Una vez pasado este tiempo, el autor debe releerlo para poder identificar si su obra es lo que él ha querido que sea, o no. Además -y esto es muy importante-, el escritor debiera pasarle su escrito a amigos y familiares para que ellos le puedan proveer de un feedback efectivo y sincero.

Sólo así se podrá saber a ciencia cierta si lo que se escribió es un material valioso, o si hay que trabajarlo más.

Aunque la premura y las ansias de fama nos pidan a gritos el lanzar un libro al ruedo, es importante considerar que cada obra literaria tiene su tiempo de maduración luego de haberse completado. Sólo así podremos asegurarnos de que no estaremos luchando en vano.

Lima, Perú
Agosto de 2010

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