Hasta que el meridiano pasó
y constelada saliste.

Mientras cesó la música
cantabas.

Todo calló en el mundo;
tan irrepetible
como escucharte
tan mítica y divinidad
acariciando la letra más humana
en unas canciones de tus labios.

…y cuando acabó el canto
la melodía siguió flotando en tu mirada
en un rictus tan fresco
que mi sonrisa
quedó para tus ojos.

Lima, Perú
Mayo de 2007

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