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 Desde hace tiempo que no había sentido lo hermoso que es cocinar un excelente platillo, acompañado de música esencial. En este caso, hice una lasagna (que me salió espectacular), acompañado de unos buenísimos discos de bossa nova. Esos instantes fueron lo más cercano que pude llegar a la felicidad.

…y cuando llegó el momento de servirse, acompañamos el almuerzo con un atinadísimo syrah chileno, y más composiciones de Vinicius de Moraes.

Son estos pequeños elementos los que me acompañan en instantes tan puntualmente felices, que lo único que falta es la reparadora siesta dominguera; algo que estaré tomando dentro de unos minutos. ¡Salut!

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