VIII

Lentamente
con el arrastrar de los días como minutos
se me va la vida en un ritmo de quincenas
cheques en blanco
cuentas inútiles.

Al final del mes,
ella -siempre, inefable-,
me abrirá el portón
como todos los días.

Entonces
quedamos como en todos los meses
en una espera irresoluta
para prometernos lo que tanto nos deseamos.

Pero el andar poético
siempre se queda en las promesas;
y aquellos subterfugios nuestros
de todos los meses
naufragan con un beso en la mejilla.
 

Escrito en San Juan, Puerto Rico.

Diciembre de 2005.

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