¡Ya está disponible!

25 01 2008

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Pues sí, señoras y señores. Luego de meses de ausencia, crisis literarias y demás hierbas, he vuelto. Y no en vano. Tengo mi libro bajo el brazo.

Y sí. Éstas son las Crónicas del exilio recopiladas en su totalidad, desde la primerísima que hice en Lima (sin darme cuenta que estaba ad portas de largarme), hasta la última que escribí en San Juan, con gratitud, alegría y algo de desencanto.

Muchas gracias por el apoyo incondicional. Para ver el libro, hagan click aquí.





Sobre restaurantes del camino

9 11 2007

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Los restaurantes de los caminos me llenan de tanta fascinación. Cada día es una expectativa de jamás ver las mismas caras. Sin embargo, los rostros y figuras se repiten a lo largo del camino.

Las cervezas siguen siendo las mismas, y los ritos de la barra se repiten.

Un bistec distinto para cada noche, y una velada que nos recuerda que el compañero de al lado se irá más allá al norte que nuestro destino.

El bistec, la cerveza, la anonimidad de firmar la cuenta y dejar un rastro pequeño de nuestro camino son aquellos sabores que se esfuman cuando encendemos el motor, y nos adentramos nuevamente a la carretera.





La caída del conde

27 10 2007

Hasta que me atreví a poner este video en mi page. Acá verán mi caída.

Camus en un chancay de a veinte.





Himno del pirata informático

21 10 2007

Un enorme guiño a Espronceda. Genial. Lo saqué del frikipedia. El poema vino por cortesía de Nikro. Enjoy!

Con diez mil gigas por banda ancha
ratón en popa y a todo bit
no corta la red sino vuela,
un pirata bergantín,
sabio pirata que llaman
por su cerebro es temido
en toda la red conocido
hasta por el mismísimo Bill Gates.

En el chat gime el viento
y descarga en raudo movimiento
programas de mac y pc,
y ve el capitán pirata
cantando alegre en la popa
el Pentágono a un lado, al otro el Kremlin
los datos que voy piratear, ya veras tu.

Navega ordenata mío,
sin temor,
que ni códigos,
ni parches de protección,
tu rumbo a torcer alcanzan,
ni a sujetar tu ratón.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho de Bill Gates
y han reconocido
mis cojones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi ordenata, mi tesoro
que todo el mundo ha de temer.
mi ley el ratón y el módem
mi única patria, la red.





Perderme un rato por la ciudad

17 10 2007

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  A veces, cuando la estadía es más larga, me gusta alquilar un automóvil y perderme un rato por la ciudad.

Recuerdo Miami, y sus interminables contrastes de ciudad de primer mundo tan plagada de tercermundismo en cada vuelta mal dada. Es una metrópoli que nunca duerme en algunos de sus más hermosos vericuetos. Y es tan intensa; tanto como para dar miedo, especialmente si nos perdemos alguna vez por los barrios de jamaiquinos y cubanos.

Comer, entonces, es una pequeña tregua que nos damos, para compartir un poco de aquello que no es nuestro, y que queremos adoptar dentro de un cosmopolitismo de perdernos un poco lo que fuimos.

Recuerdo Jacksonville. Las carreteras que asemejaban inmensidades rurales, con sus letreros tan auténticos y estereotipados hasta el delirio. Ahí también podía ver las pequeñas alegrías y tragedias del día al día, cuando de noche cerraban los negocios, uno a uno. Me gustaba mucho ver escenas como el de alguna bella muchacha sureña con uniforme de mesera subiéndose a su coche, luego de acabar su turno.

Pude haber llegado horas antes, y ser atendido por ella. Pudimos haber conversado. Pude haber perdido un poco de tiempo en ganarme de historias para enriquecer mi curiosidad de viajero.